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¿Libro de Abraham en un papiro egipcio?
En noviembre de 1967, cuando el Museo Metropolitano regresó unos papiros egipcios a la Iglesia de Mormón, se generó una gran excitación en los corazones de los mormones. Finalmente había algo concreto que un “ángel no se había llevado”, y que podía probar de una vez por todas al mundo incrédulo que José Smith fue realmente un profeta de Dios que tenía el don o habilidad de traducir. Leemos en la Perla de Gran Precio la siguiente introducción al Libro de Abraham.
“TRADUCIDO DEL PAPIRO POR JOSÉ SMITH. UNA TRADUCCIÓN DE ANTIGUOS REGISTROS QUE HAN CAIDO EN NUESTRAS MANOS DESDE LAS CATACUMBAS DE EGIPTO: LOS ESCRITOS DE ABRAHAM MIENTRAS SE ENCONTRABA EN EGIPTO, LLAMADOS EL LIBRO DE ABRAHAM, ESCRITO POR SU PROPIA MANO SOBRE EL PAPIRO”.
Este papiro fue escrito en idioma egipcio. Esto probaría que si la traducción del papiro hecha por José Smith fuera correcta, sería posible que hubiera traducido el Libro de Mormón del “egipcio reformado”. Pero los problemas aparecieron muy poco después de que la Primera Presidencia había dado el papiro al profesor mormón Hugh Nibley de la Universidad BYU para traducirlo o para encontrar un traductor capaz de hacerlo. (Por cierto, ¿por qué no el profeta en turno? ¿No podría haberlo hecho?)
Ahora bien, si este papiro fue escrito por Abraham “por su propia mano”, como José Smith había dicho, tendría por lo menos 4000 años de antigüedad. Después de que este papiro fuera evaluado, incluso el profesor Nibley tuvo que aceptar que se trataba de un artículo cuya antigüedad no pasaba del primer siglo de nuestra era. Por lo tanto, Abraham no pudo haberlo escrito. Ese fue el primer golpe. El segundo vino después de entregar el papiro a varios egiptólogos calificados; claramente resultaron no ser lo que José Smith había dicho. Las expectativas de los miembros de la iglesia eran muy altas. El Dr. Sidney B. Sperry, uno de los eruditos más notables, había dicho:
“El pequeño volumen de Escrituras conocido como el Libro de Abraham será conocido algún día como uno de los documentos existentes más notables. Es evidente que los escritos de Abraham en Egipto, de los cuales nuestro Libro de Abraham es una copia, deben ser necesariamente más antiguos que los textos originales del Génesis…” (Dr. Sidney B. Sperry, “Registros Antiguos Testifican en Papiro y Piedra“, 1938, p. 83, citado de Mormonismo: Sombra o Realidad, p. 294).
Ahora que el papiro había sido localizado y que los líderes de la iglesia y sus eruditos habían probado que era el que José Smith había traducido, la pregunta era: ¿Dicen lo mismo que la traducción de José Smith? Muy pronto se supo que no eran más que unos registros paganos llamados “El Libro de Respiros”, una pequeña porción del Libro de los Muertos. El egiptólogo James Henry Breasted, explica que “… el Libro de los Muertos es principalmente un libro de encantos mágicos… fue escrito por un pueblo muy supersticioso y es muy diferente de la religión enseñada por la Biblia”. (De su libro, Desarrollo de la Religión y el Pensamiento en el Antiguo Egipto, Nueva York, 1969, p. 308, citado en El Cambiante Mundo del Mormonismo, Jerald y Sandra Tanner, p. 345). Muchos escritores mormones han admitido esto.
Ha habido muchos escritos y sugerencias que tratan de justificar el hecho de que el documento no haga mención a Abraham, ni a su nombre, ni a su fe, ni a nada absolutamente, siendo que supuestamente fue escrito por su propia mano [de Abraham] sobre el papiro (La Perla de Gran Precio, El Libro de Abraham).
La doctrina de los Santos de los Últimos Días acerca de los negros y el sacerdocio está (estaba) basada en este Libro de Abraham. La Iglesia Mormona de Utah no ha sacado este libro de sus escrituras; sin embargo, es interesante notar que la Iglesia de los Santos de los Últimos Días, dirigida por los descendientes directos de José Smith hizo la siguiente declaración en el “New York Times” del 3 de mayo de 1970: “… puede ser útil sugerir que el Libro de Abraham representa simplemente el producto de la imaginación de José Smith…” La Iglesia de los Santos de los Últimos Días eliminó el libro de sus escrituras. Lo único que la Iglesia Mormona de Utah hizo fue permitir que los negros (1978) tuvieran acceso al sacerdocio. Pero sólo con eso, la gente pensante empezó a ver que ahora una gran sombra cubría también el Libro de Mormón. El escritor mormón Klaus Hansen hizo algunos comentarios en el verano de 1970 en la página 110 de “Diálogo: Un Diario del Pensamiento Mormón”:
“… Para un historiador profesional, por ejemplo, la reciente traducción del papiro de José Smith puede ser el caso potencialmente más dañino contra el mormonismo desde su fundación. Sin embargo, los ‘Poderes Que Son’ en la Oficina del Historiador de la Iglesia deben sentirse a gusto con el hecho de que la casi total falta de respuesta a esta traducción es una extraña prueba de la observación de Frank Kermode en el sentido de que incluso los actos más devastadores contra la confirmación de un hecho no tienen efecto sobre los verdaderos creyentes. Tal vez una respuesta más reveladora es la de los ‘liberales’, o mormones culturales. Después del asunto del papiro de José Smith, uno bien podría haber esperado un éxodo masivo de esa iglesia. Sin embargo, no ha ocurrido ninguno. ¿Por qué? Porque los mormones culturales, por supuesto, no creen en la autenticidad histórica de las escrituras de Mormón, para empezar. Así que no hay nada que refutar”.