Historia de Calvino

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Historia de Calvino

El hombre conocido hoy en todo el mundo como Juan Calvino, quien generalmente es reconocido como el fundador del sistema del protestantismo que lleva su nombre, nació el 10 de julio de 1509, en Noyon, Francia, como Jean Chauvin. La suya fue una familia católica romana devotamente religiosa de prominencia, en un pueblo eclesiástico dominado por el obispo local y asistido por sus sacerdotes. Como Secretario y asesor legal al obispo, el padre de Jean, Gerald, era un participante interno de un sistema político corrupto, basada en la religión.

Con un poco de nepotismo anticuado muy común, el joven Jean fue puesto en la nómina de la iglesia a la edad de doce años, permaneciendo en ella durante trece años — hasta un año después de su aparente conversión al protestantismo de Lutero. Desde sus primeros años, Jean fue el beneficiario de una alianza impía entre las autoridades civiles y religiosas, que mantenía a la persona común en un régimen de servidumbre — una sociedad dominada por la iglesia. Fue un patrón que el implementaría más tarde con una mayor eficiencia como «Protestante» en Ginebra, Suiza, incluyendo el dominio de la iglesia sobren asuntos civiles y de persecución, y  aun la ejecución de los acusados de herejía.

Al entrar en el Collège de La Marche en la Universidad de París, el amor de Jean del idioma latín se reflejó en su registro como Johannes Calvinus. Allí él pasó muchas horas en búsqueda agotadora de estudio compulsivo que produjo efectos negativos en su salud en sus últimos años y posiblemente acorto su vida. Era conocido por su piedad profundamente católica y las reprimendas contundentes de la moral de sus amigos.

Inesperadamente, en 1528, el padre de Jean, Gerald, fue excomulgado de la iglesia católica romana. Poco después, el hermano de Calvino, un sacerdote, también fue excomulgado por herejía. Como resultado, Gerald ordenó a Jean/Johannes, que estaba estudiando para el sacerdocio, irse a Orleans para el estudio de derecho.

Calvino explicó más tarde, “la intención de mi padre fue la teología desde mi infancia”. Pero [ya que] la ley demostró por todos lados la posibilidad de ser muy lucrativa para sus practicantes, de repente le hizo cambiar de parecer.18   Esta nueva búsqueda se convirtió en la pasión del joven y posiblemente puso algunos de los fundamentos para el legalismo tan penetrante en el sistema de teología que desarrollaría después.

Después de obtener una licenciatura en derecho en 1531 (más tarde se le concedería un doctorado en derecho), Jean — ahora Johannes (Juan), regresó a París, y se sumergió en un apasionante estudio de la literatura clásica y publicó su primera obra de la escritura, una ensayo en latín sobre De Clementia de Séneca.  El historiador Will Durant dice que Juan, todavía un devoto católico romano, «parecía dedicado al humanismo, cuando algunos sermones de Lutero lo alcanzaron y lo conmovió con su audacia».19  Discusiones secretas de una disensión atrevida pronto arrastraron a Calvino a un círculo de jóvenes intelectuales humanistas, que estaban instando a la reforma de la iglesia, siguiendo las mismas líneas de rebelión audaz de Lutero contra el Papa.

Para enero de 1534, aunque todavía no era un protestante pleno, Calvino se tornó bastante vocifero apoyando las ideas de Lutero, y se vio obligado a huir de París.   Encontrando refugio en la ciudad de Angoulême, comenzó a escribir su voluminoso clásico, Institutos de la Religión Cristiana y es bastante notable que habiendo acabado la primera y más pequeña edición al año siguiente, Boettner reconoce:

La primera edición [Latina] contenía un esquema breve de todos los elementos esenciales de su sistema teológico y, teniendo en cuenta la juventud del autor, era una maravilla de precocidad intelectual. Más tarde fue ampliada a cinco veces el tamaño del original y fue publicado en francés.  Pero esta no hizo ningún cambio radical de las doctrinas establecidas en la primera  edition.20

Los calvinistas de hoy evitan el hecho incómodo de que en todos sus escritos voluminosos, Calvino nunca habla de nacer de nuevo mediante la fe en Cristo. Él se consideraba como cristiano desde el momento que se bautizó como católico romano: «…en cualquiera que sea el momento de nuestro bautismo, somos lavados y purificados de una vez para toda la vida… debemos recordar… nuestro bautismo… con el fin de sentirnos certeros y seguros de la remisión de pecados… limpia y remueve todas nuestras contaminaciones.»21 El confió en su bautismo como prueba de ser uno de los elegidos 22 y denunció a todos aquellos que, como los ex católicos evangélicos de hoy, fueron bautizados después de creer en el Evangelio.

Los que fueron salvos del catolicismo y se bautizaron como creyentes, eran conocidos como Ana bautistas y fueron perseguidos por los católicos, luteranos y calvinistas.  De estos mismos Ana bautistas Calvino escribió alrededor del tiempo de su conversión al protestantismo de Lutero, «uno no debe contentarse con simplemente matar a esas personas, pero se las debe quemar cruelmente.” 23 Calvino  los expulsó de Ginebra en 1537. 24  ¿Cómo pueden los ex católicos convertidos y bautizados de hoy considerar a Calvino como uno de ellos?  No podrían — ni lo harían.

Los Institutos de Calvino

En sus institutos, Calvino magistralmente desarrolló su propia marca del cristianismo. Fue sin duda una expansión del Agustinianismo y fue fuertemente influenciado por la Vulgata Latina — la Biblia oficial de la iglesia católica romana y la que Calvino estudio durante mucho tiempo en el Latín original. Los institutos, derivados de estas dos fuentes primarias, han influenciado las generaciones posteriores en una medida mucho más allá que cualquier otra cosa que el joven autor pudo haber imaginado en aquel momento. La mayoría de quienes hoy en día tienen a Calvino en gran estima, incluyendo líderes evangélicos,  no se dan cuenta que ellos han sido cautivados por los escritos de un devoto católico romano, recientemente convertido al protestantismo de Lutero, que se había separado de Roma sólo un año antes.  Curiosamente, Calvino se mantuvo en la nómina de la iglesia católica durante casi un año después de que él dijo que fue liberado del «profundo apego» a «Las adicciones obstinadas de las supersticiones del papado».25   No fue hasta el 4 de mayo de 1534, al regresar a su ciudad natal de Noyon que renunció   al empleo de obispo, donde fue detenido y encarcelado pero logró escaparse.26  Aunque estaba huyendo y cambiando constantemente de lugar, Calvino había terminado sus trabajos originales de los Institutos, en agosto de 1535.  La primera edición fue publicada en marzo 1536. 27

Bajo cualquier norma, este joven estaba muy lejos de ser maduro en la fe cristiana. Calvino mismo dijo, «me sorprendió enormemente que, antes de cumplirse un año [después que dejó la Iglesia católica romana], todos los que tenían algún deseo para aprender doctrina pura vinieron a mí para aprender, aunque yo apenas había comenzado.» (Énfasis agregado).28

Sin lugar a duda, sus Institutos no podían emanar de un entendimiento evangélico maduro y profundo de las Escrituras.  En cambio, salieron de su vigoroso entusiasmo de un estudiante recientemente graduado y ferviente de filosofía y religión.  Un joven fanático dedicado a Agustín y a una causa recién adoptada. Durant dice:

Como muchacho de veinte años, completó la obra más elocuente, ferviente, lúcida, lógica, influyente y tremendo en toda la literatura de la revolución religiosa… El trajo a la teología y ética, la lógica, precisión y severidad de los institutos de Justiniano y dio a su propia obra maestra un nombre similar. 29

Admirablemente, al igual que Lutero y los otros reformadores, Calvino determinó que las Escrituras serían su única autoridad.  Desde el inicio en sus escritos el estableció ese fundamento, afirmando que «si nos fijamos en  [la Biblia] con ojos claros y juicio imparcial, inmediatamente se presenta a sí mismo con una Majestad Divina que somete nuestra oposición presuntuosa y nos obliga a rendirle homenaje.»30

Calvino veneraba la palabra de Dios superando lo que cualquier hombre podría producir «en comparación con su vigorosa influencia, las bellezas de oradores y filósofos casi en su totalidad desaparecería; Así que es fácil percibir algo divino en las Sagradas Escrituras… «31 nadie puede cuestionar el celo de Calvino para seguir la Biblia, o su sincera convicción de lo que el concibió y enseñó era fiel a la palabra de Dios. Sin embargo, al igual que los de Berea escudriñaron las Escrituras diariamente para determinar si la enseñanza de Pablo era fiel a la palabra de Dios, así que debemos hacer lo mismo con la enseñanza de Calvino.

En el momento de escribir sus institutos, Calvino, lejos de ser un apóstol como Pablo, era un nuevo creyente. Por lo tanto buscó con su brillante mente legal, compensar lo que le faltaba en la madurez espiritual y la orientación del Espíritu Santo. Sin embargo a pesar de su inteligencia natural, este joven fanático parecía ciego ante el hecho de que la asociación más tarde establecida en Ginebra entre iglesia y estado (como lo hizo también Lutero) fue uno de mayores males del catolicismo romano, siendo establecido otra vez y es la antítesis misma de la vida y de las enseñanzas de Cristo.  El resto de estos errores aun plagan la iglesia actual de Europa en la forma de las iglesias del estado.

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