Red de las sectas
Historia
Fundada por revelación a un zapatero peruano, Ezequiel Ataucusi Gamonal, la doctrina de la Iglesia Israelita se ha difundido por varios países: Ecuador, Chile, Brasil, Venezuela, Estados Unidos y Colombia, en donde se ha expandido en campos y ciudades de la región andina. Expansión liderada por un misionero, quien es reconocido como el hombre que cruzó las fronteras de dos países en un proceso de trans-nacionalización y que con dificultades ha organizado y consolidado una institución3 religiosa reconocida por israelitas y no israelitas fundando una identidad social y religiosa israelita entre indígenas, campesinos y afrocolombianos.
Durante la celebración el misionero cortó una cinta que simbolizaba «el rompimiento del camino de liberación y verdad para conquistar las almas de los colombianos»; su labor obtuvo un reconocimiento al mérito otorgado por la Iglesia Israelita de la Tebaida en el Departamento del Quindío.
El reconocimiento también hacia énfasis en el trabajo colectivo como la clave del éxito en la consolidación de una iglesia que inició con 12 personas hace 20 años y que hoy fácilmente puede reunir para la celebración de sus fiestas entre 2000 y 3000 personas en el suroccidente de Colombia.
El siguiente texto describe la doctrina Israelita y su expansión en el suroccidente de Colombia, al tiempo que analiza las contradicciones de la identidad social configurada sobre elementos religiosos. Está dividido en tres partes, además de la introducción y las conclusiones: una que describe la doctrina Israelita y su expansión en Colombia; la segunda, señala el fundamento de su identidad social basada en elementos religiosos y, la tercera que analiza las contradicciones de esa identidad.
La doctrina Israelita y su expansión
La Iglesia Israelita fundamenta su acción en tres aspectos principales que conforman la doctrina: El Perú Privilegiado, el Mesías, y la Cuarta Generación (De La Torre, 2005). El «Perú como país Privilegiado» es una profecía que fundamenta el sitio del nacimiento de la iglesia y su líder. Afirman que la Iglesia Católica abandonó el verdadero camino tras la firma del edicto de Constantino, con lo que la humanidad habría ingresado en un período de oscuridad hasta 1955, cuando Ezequiel Ataucusi Gamonal recibió la revelación de los planes de Dios para restaurar la alianza con el hombre.
Perú es el escenario del nuevo pacto y del nuevo pueblo elegido para la alianza con un Dios que se apiadó de la humanidad, que hasta ese momento había estado apartada del camino por obra de la Iglesia Católica personificada en el Papado, a la que rechazan pues personifica el mal de la tierra.
Para afirmar la profecía se basan en el libro de Lucas en el que creen está escrito el nombre del Perú en clave así: Jerú quiere decir Perú y Salem Pueblo (Granados, 1986:28).
La escogencia está marcada según planes divinos anunciados en la Biblia: «Los israelitas deducen que el Nuevo Mundo era el lugar designado para restablecer el pacto. Una vez determinado el continente la «hermenéutica israelita llega al detalle con una cita que señala la escogencia de Ezequiel»» (De la Torre, 2005:326). El Ecuador o la línea ecuatorial significa en la Biblia medio día, al igual que el Tahuantisuyo centro de la tierra; lugar en donde saldrán los profetas de occidente (Espinoza-Benavides, 1984:50).
La concreción del sitio es mayor en los textos de Isaías donde se habla de la «ciudad del sol», imagen del Cuzco, y del profeta Ezequiel con la mención del «ombligo del mundo» y otras características geográficas y físicas. Estos anuncios y la cosmovisión tradicional del hombre andino generan una característica visión de la historia del Perú según la cual los incas no serían paganos, sino profetas de Dios.
El conocimiento, manejo y divulgación de la profecía es un poder conferido a los sacerdotes israelitas.
El segundo aspecto básico de la doctrina israelita es la creencia en «el Mesías», su muerte, resurrección y sucesión: Durante su vida de líder religioso, Ezequiel era llamado por sus seguidores como «Mi Señor», el «Varón», el «Pastor de los Pastores», el «Hijo del Hombre», el «Primogénito de Dios», «Israel», el «Nuevo Inca» y el «Nuevo Moisés» (Curatola, 1997:172), en una mezcla de respeto y paternalismo.
Pero los israelitas también creen en Jesucristo como hijo de Dios y lo llaman el «Cristo de Oriente». Ezequiel Ataucusi era su reencarnación, lo llamaron «el Cristo de Occidente», lo que hizo al líder objeto de culto y adoración.
Ezequiel dentro de las concepciones israelitas estaría por encima del mismo Jesucristo pues representaba la forma carnal del Espíritu Santo (De La Torre, 2002:5). Según sus seguidores, debía iniciar una predicación, después sería crucificado y su cuerpo permanecería tres días sin sepultura, después de esto el mundo no sería igual.
Habría un paraíso de 1.000 años, luego serían llevados en carros de fuego a otros planetas. Sin embargo, su muerte llegó antes de que se cumpliera lo vaticinado en el año 2.000 resultado de un paro cardiaco. Lo que generó cambios en la Iglesia y la obligación del reconocimiento de un sucesor que en vida Ezequiel había designado: su hijo Ezequiel Jonás Ataucusi Molina.
A pesar de lo anterior, su importancia para la doctrina radica en ser el escogido para reavivar el pacto con Dios y por la recepción de los mandamientos que son guía y símbolo de la Congregación. Así, la misión de Ataucusi era la restauración del pacto y ser el guía de la congregación para el paso a una nueva vida.
Algunas veces se le llama profeta, siendo éste su verdadero rol dentro de la congregación, pues fue portador de la verdad revelada con la que se constituyó el grupo. Además, realizó la labor de intermediación entre lo divino y lo humano, predicó y sus palabras se han cumplido o están en proceso de cumplirse, compiló sus revelaciones y se espera su regreso el día del juicio final al lado del Padre, el Hijo y el Espíritu Santo.
Después de la muerte, la importancia de Ezequiel para la Congregación se ha mitificado y su mausoleo, ubicado en la parte superior, en la base de una montaña, en Cienaguilla, Lima, ha legitimado el campo para la peregrinación de los fieles. La explicación e interpretación a su muerte se ha hecho como parte de la profecía y se ha anunciado otra, que señala la escogencia del sucesor.
Por su parte Jonás, el sucesor, ha pasado a recibir los honores que su padre recibía en vida. Oficialmente es llamado Misionero General, y así se lee en los textos oficiales y comunicaciones de la institución. Su labor, además de regir los destinos de la Asociación, es ser el símbolo del inicio del fin de los tiempos, labor que debía realizar su padre, cuando vista la túnica para empezar a predicar.
Las relaciones de los feligreses con Ezequiel y su hijo son de dependencia.
Se clama al Padre Ezequiel por las necesidades que solo él puede cumplir, y se cree en la omnipresencia de Jonás, en la opción de ser perdonados por él. Además, en las oraciones realizadas en los rituales se clama para que Dios lo guarde y favorezca.