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La farsa de la properidad
La mayoría de las personas que creen en Dios tienen la idea de que hay ciertas cosas que podemos hacer para complacerlo y por lo tanto mejorando así nuestra posición con el Todopoderoso y también obtener ciertos beneficios para nosotros mismos. Hay algo de verdad en esta idea, pero también hay graves problemas que pueden ocasionar, tales como obtener la salvación por medio de obras. Hay que recordar que la gracia de Dios es la bondad, la benevolencia gratuita de Él, hacia quienes no lo merecen y no puede ser ganado por las buenas obras (Efesios 2:8-10).
Por supuesto que la verdadera salvación siempre tendrá trabajos que la acompañen (Tito: 2:11-13; 3:8). Esa verdad se encuentra en las Escrituras. Por ejemplo, «Respondió Jesús y le dijo (a uno de los apóstoles): El que me ama mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él» (Juan 14:23). Los niños son instruidos a «obedeced a vuestros padres en todo, porque esto agrada al Señor» (Colosenses 3:20). En Efesios se nos dice que honrar al padre y a la madre es «el primer mandamiento con promesa» (Efesios 6:1-2). La primera de Juan nos dice, «cualquier cosa que pidiéramos la recibiremos de él, porque guardamos sus mandamientos, y hacemos las cosas que son agradables delante de él» (1 Juan 3:22). Obediencia a las enseñanzas de la palabra de Dios de hecho produce beneficios y complace al Señor. Jesús nos acepta como somos pero no nos deja como estábamos. La salvación genuina produce santificación y buenas obras mientras que somos motivados por el Espíritu Santo.
El pedir a Dios por algo implica mucho más que hacer una solicitud. Es cierto que Jesús dijo, «Si algo pidieres en mi nombre, yo lo haré» (Juan 14:14). La Escritura, sin embargo, también nos dice «Pedís y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites» (Santiago 4:3). La respuesta de Dios a nuestras peticiones es a menudo dependiente de nuestros motivos, nuestro caminar con Él, los deseos de nuestro corazón conforme a Su deseo, Su voluntad, Su gracia, Su misericordia y así sucesivamente. Tales condiciones desafían y disputan las falsas enseñanzas de los predicadores que predican el evangelio de prosperidad y sanidad y quienes modifican ciertos versículos de las Escrituras para crear un sistema de leyes de causa y efecto, las cuales convierten a Dios en un genio en una botella que debe responder a una demanda. Supuestamente, cuando un versículo «reclama» o «exige» un pedido, Dios no tiene más remedio que cumplir.