Resumen de la biblia

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Resumen de la biblia

«En el principio…» Vuelva con nosotros a ese punto. No hay mundo, ni universo, ni vida física, ni sustancia física ni tiempo. La eternidad no tiene principio ni fin. ¿Qué existía? ¿Cómo llegó a existir todo lo que conocemos? ¿Qué significa todo esto?

      Había tres Seres en existencia quienes son tan eternos como la eternidad misma: E1 Padre, el Verbo y el Espíritu Santo. Estos Seres separados son, sin embargo, uno en propósito, en justicia y en Deidad. Todos ellos abarcan todo lo que es la Deidad.

   La creación

      En algún punto -‑ no tenemos idea en cuanto a cuándo ni por qué — seres celestiales inferiores fueron creados. Leemos de innumerables huestes de ángeles (Apocalipsis 5:11), de serafines (Isaías 6:2), de querubines (Gén. 3:24) y de otras criaturas celestiales alrededor del trono de Dios (Apoc.4). En algún momento de tiempo, algunos de estos seres celestiales pecaron (2 Pedro 2:4). Otra vez, ignoramos las razones. Tales asuntos son las cosas secretas que pertenecen a Dios (Deut. 29:29). Un lugar de castigo, más terrible de lo que podemos comprender, fue preparado para aquellos seres malvados (Mat. 25:41). “Los entregó a prisiones de oscuridad, para ser reservados al juicio” (2 Pedro 2:4). Estos seres celestiales son más poderosos que el hombre, pero ellos, como todo ser creado, son muy inferiores a Dios el Creador.

      «En el principio” Dios habló, y el universo físico llegó a existir. Luego E1 comenzó a poner vida en la tierra. Primero vino la vida vegetal; luego peces, aves y animales de tierra. E1 proceso de la creación no estaba todavía completo, porque no había vida que pudiera comprender o compartir un compañerismo con Dios. Así que el hombre fue creado. «Hagamos al hombre a nuestra imagen…» (Gén. 1:26). E1 hombre es como Dios, porque el hombre puede razonar, y é1 tiene un alma dentro que nunca dejará de existir, una esencia que es espiritual.

      Dios puso a Adán y Eva en un huerto de belleza muy superior a la que pudiéramos encontrar hoy. La tierra estaba nueva y no contaminada. Toda planta deseable estaba allí. No había espinas o cardos; no había dolor ni pesar; no había ansiedad o temor. Adán y Eva tenían acceso al árbol de la vida para que no tuvieran que morir. Lo mejor de todo, tenían compañerismo con Dios mismo (Gén. 3:8).

      Pero Dios no quería una criatura que fuera su compañero, simplemente porque no había nada más que é1 pudiera hacer. En tal caso, el hombre no hubiera sido más que un robot programado para adorar a Dios, e incapaz de otra cosa. Así que, Dios dio al hombre un mandamiento. A Adán y Eva se les prohibió comer el fruto del árbol del conocimiento del bien y del mal.

      Había comida en abundancia; así que el hambre no provocó el comer del fruto prohibido. E1 huerto del Edén era tan grande que cuatro ríos lo cruzaban; así que no hubo razón para que la tentación estuviera constantemente ante sus ojos. Pero la humanidad es débil. Cuando la serpiente tentó a Eva, ella fue seducida y comió del fruto prohibido. Ella lo dio a Adán y el comió también.

      Ahora ellos conocían la vergüenza, la culpa y el miedo. Dios impuso sobre cada parte culpable una maldición. E1 dolor, la tristeza, problemas, espinas, muerte, separación del árbol de la vida, y lo peor de todo, la separación del compañerismo con Dios.

      E1 pecado de ellos no fue sorpresa para Dios. E1 sabía antes de la creación que el hombre sería débil y se había preparado para la caída del hombre. Dios ya había planeado como el hombre podía ser salvado (Efesios 3:10‑11). Adán y Eva renunciaron a la oportunidad para la completa felicidad en esta tierra. Dios comenzó el largo proceso de desarrollar su plan de cómo el hombre podría vivir para siempre con E1, con tal que el hombre aceptara sus términos.

Junto con esta primera maldición, Dios dio el primer vislumbre de esperanza de aquel día cuando uno de la simiente de la mujer heriría la cabeza de la serpiente (Gén. 3:15). E1 mal había triunfado ese día con Adán y Eva, pero algún día el hombre triunfaría a través de Uno que Dios enviaría para completar Su plan.

      Dios ni por un momento olvidó Su propósito. Muchos años han pasado desde ese día en que Adán pecó. La gente que ha vivido no se puede contar. La Biblia nos cuenta solamente de unos pocos de la vasta multitud que ha vivido, porque aquellos son las personas por las cuales E1 desarrolló Su plan.

      Adán vivió 930 años y tuvo muchos hijos e hijas. La Biblia nos cuenta la historia de Caín y Abel, dos de aquellos hijos. Usted recuerda cómo Caín se enojó y mató a su hermano porque el sacrificio de Abel fue aceptable a Dios, y el de Caín no. La muerte de Abel borró el nombre de Caín de más participación en el desarrollo del plan de Dios. Dios toma tiempo en la última parte de Génesis 4 para decirnos brevemente lo que pasó con Caín, después su familia es omitida.

      Adán tuvo otro hijo, Set. No se nos dice nada de é1, excepto que es a través de su familia que la historia se desarrolla. Más o menos pasaron el mismo número de años durante los primeros cinco capítulos de Génesis que durante todo el resto de la Biblia. Dios no nos dice casi nada de éste período, porque no es importante para su propósito hacerlo. La gente generalmente vivía 900 o más años. Entre las diez generaciones nombradas se encuentra un hombre llamado Enoc. E1 fue justo y Dios lo bendijo grandemente llevándoselo al cielo sin ver muerte.

 

Mientras los hombres se esparcían por toda la tierra, ellos seguían en la impiedad por todas partes. Sus pensamientos eran de continuo solamente el mal. Dios decidió destruir al hombre, excepto al fiel Noé y su familia. Noé aceptó la gracia de Dios y aprovechó el escape ofrecido. E1, sus tres hijos, sus mujeres y dos de cada especie de vida animal sobrevivieron en el arca.

      Ahora hemos regresado a una sola familia, la de Noé. Pero hay tres hijos, así que ningún historiador humano podría haber sabido en este momento a qué hijo seguir. Pero Dios guió al escritor a seguir la línea a través de Sem, mencionando brevemente los descendientes de Cam y Jafet. E1 escritor se ocupa de las naciones que vinieron a través de Cam y Jafet solamente cuando estas se relacionan con los descendientes de Sem.

      Muchas gentes salieron de Sem, pero el relato divino estrecha la historia aun más. Los años pasaron y los hombres ya no vivieron tanto tiempo como antes. Pronto los doscientos o aun menos años eran una larga vida.

      Unas nueve generaciones pasan desde Noé, y llegamos a un hombre llamado Taré, que vive en Ur de los Caldeos. Había tres hijos en esta familia también: Nacor, Abram y Harán. Harán murió mientras ellos estaban aún en Ur, y por un lapso de tiempo la historia continúa con su hijo Lot, porque el viajó con Abram, el personaje más importante.

      Dios llamó a Abram (Abraham, como llegó a llamarse), y le dijo que dejara su familia y fuera a una tierra que se le mostraría. Abraham obedeció y fue conducido a la pequeña tierra de Canaán. Se le hizo una promesa triple: Se le dijo que su descendientes serían hechos una gran nación, que esa nación heredaría la tierra de Canaán, y que a través de su simiente, todas las familias de la tierra serían benditas.(Gén.12:1‑7). E1 resto de la Biblia es la historia del cumplimiento de estas tres promesas.

Observe que hasta este punto de la historia, Dios había desarrollado sólo una pequeña parte de su plan para la redención del hombre. Sabemos que vendrá Aquél que triunfará sobre Satanás (Gén. 3:15). Ahora adicionalmente sabemos que Aquél vendrá de la nación compuesta de los descendientes de Abraham, y que todas las naciones serán benditas por su venida (Gén. 12:2‑3).

      La esposa de Abraham era estéril; así que, ella y Abraham trataron de ayudar a Dios a cumplir su promesa por medio de tener un hijo de Hagar, la criada. Ismael nació. Más tarde Abraham tuvo seis hijos más de Cetura, otra criada. Estos fueron bendecidos porque fueron hijos de Abraham, pero no eran la simiente prometida. Finalmente por medio de un milagro, Isaac nació cuando su padre tenía cien años de edad.

      Después de morir Abraham siendo ya anciano a la edad de 175 años, Dios repitió la promesa triple a Isaac: de la tierra, de la nación y la espiritual. A través de su simiente todas las naciones serían benditas (Gén. 26:2‑4).

      Isaac tuvo dos hijos, Esaú y Jacob. Aun antes de su nacimiento, Dios dijo que Jacob sería el mayor. Los descendientes de Esaú llegaron a ser la nación de los Edomitas. Pero fue a Jacob que la promesa triple fue repetida. E1 recibiría la tierra; sus descendientes formarían una gran nación; y a través de su simiente todas las familias de la tierra serían benditas (Gén.25:13‑14).

El espacio no nos permite contar todos los detalles de la vida de Jacob. Bástenos decir que Jacob tuvo doce hijos. E1 amó a José, el penúltimo de sus hijos, más que a los otros, y mostró su parcialidad. Los otros hermanos se pusieron celosos y vendieron a José como esclavo a Egipto. Allí é1 sirvió como esclavo a Potifar. Mintieron contra é1 y fue arrojado en prisión. E1 tiempo pasó, y é1 interpretó los sueños del Faraón y llegó a ser el gobernador de todo Egipto, inferior solamente al Faraón. Como él mismo dijo, que é1 estaba en Egipto para ayudar a salvar la vida durante la severa hambre de siete años (Gén. 45:4‑8). Usted recuerda cómo sus hermanos vinieron, fueron probados, y finalmente supieron la identidad de José. José trajo a toda su familia a Egipto. En este tiempo había 75 personas en esta familia, todavía muy lejos de ser una nación.

      Mientras Jacob yacía en su lecho de muerte, é1 llamó a sus hijos y les dio a cada uno una bendición. Aquellos hijos formarían las tribus, las cuales formarían la nación de Israel (a Jacob le fue dado el nombre de Israel, la noche que luchó con el ángel, Gén. 32:28). Fue a Judá, su cuarto hijo, a quien dio una profecía especial. E1 cetro (el signo del que gobierna) no sería quitado de la familia de Judá, hasta que llegara Silo, aquel Personaje Especial (Gén.49:10).

      Ahora Dios ha desarrollado su plan hasta este punto: Aquél vendrá para vencer a Satanás. E1 bendecirá todas las familias de la tierra. E1 vendrá a través de la simiente de Abraham, Isaac, Jacob y Judá. E1 reinará. Sabemos mucho más de lo que sabíamos cuando Adán pecó, pero aún entendemos muy poco acerca del propósito completo de Dios (véase Gén 3:15; 12:1‑3; 26:2‑4; 28:13‑14; 49:10).

      E1 libro de Génesis termina con la confianza segura que José da a sus hermanos, que llegaría el día cuando Dios conduciría al pueblo de vuelta a Canaán. Casi cien años pasan antes de que el telón se levante nuevamente. ¿Se ha olvidado Dios?

La escena nos parece oscura al comenzar el libro de Éxodo. Para este tiempo hay tal vez tres millones de personas llamadas israelitas o hebreos (más tarde llamadas judíos). Un Faraón se ha levantado que no conoce a José. El temió a este vasto grupo de gente en su tierra; por eso los afligió haciéndoles sus esclavos. Ellos se multiplicaron más rápidamente. E1 trató de destruir a los potenciales soldados, al ordenar la muerte de todos los varones recién nacidos.

      Justo en ese tiempo nació un varoncito. Su madre lo ocultó por tres meses y luego lo colocó en un carrizal, a la orilla del río Nilo. El fue encontrado por la hija del Faraón, quien lo llamó Moisés. Por cuarenta años é1 fue entrenado como el hijo de la hija del Faraón. Su propia madre fue contratada para cuidarlo; de esa manera él creció desde la niñez, conociendo el apuro de su pueblo.

      A la edad de 40 años Moisés decidió rescatar a su gente, pero Dios no estaba listo. Moisés mató a un egipcio, y tuvo que huir por su vida. En los próximos cuarenta años é1 trabajó como pastor en Madián. Entonces un día Dios se apareció a Moisés en una zarza ardiendo y le dio la comisión de volver a Egipto para rescatar a los israelitas.

      De nuevo el espacio prohíbe que se relaten detalles. Como usted recordará, Faraón rehusó dejar ir al pueblo. Dios mostró su poder sobre la más poderosa nación de aquellos días al enviar diez terribles plagas, hasta que los egipcios literalmente suplicaron a los israelitas que salieran.

   En lugar de conducir al pueblo directamente a la tierra de Canaán, Dios los dirigió hacia el sudeste, al Monte Sinaí. Allí E1 hizo un pacto con ellos. E1 prometió ser su Dios y permitir que ellos fueran Su pueblo, con tal que ellos le obedecieran y guardaran Sus mandamientos. E1 pueblo quería las bendiciones de Dios y estuvieron prestos a aceptar el pacto. Dios les dio una ley que especificaba exactamente cómo ellos habían de vivir como su pueblo elegido.

      Todo este tiempo Dios había hablado directamente a los padres de las familias fieles. Ese sistema (llamado el sistema patriarcal) continuó con toda la gente, excepto con este grupo especial reunido en el Monte Sinaí. Dios estaba preparando un pueblo especial para estar listos para llevar a cabo Su plan.

      Dios mostró Su poder y protección a Su nación de toda manera imaginable. E1 los alimentó cuando tuvieron hambre; les dio agua de las rocas. E1 peleó con sus enemigos y les protegió como un padre protege a su hijo (Oseas 11:1).

      Pero el pueblo no guardó su parte del pacto. Después de seis semanas de hacer el acuerdo para obedecer a Dios y guardar Sus mandamientos, ellos hicieron un becerro de oro para adorarle. Ellos murmuraron cuando tuvieron sed y se quejaron del maná que Dios les había dado de alimento. Aun cuando ellos llegaron a la frontera de Canaán, fueron demasiado cobardes para seguir adelante como Dios había mandado. Enviaron doce espías a reconocer la tierra. Diez dijeron que la tarea sería demasiado difícil. Solamente Josué y Caleb confiaron en el poder de Dios. E1 pueblo fue forzado a regresar para vagar cuarenta años en el desierto, hasta que todo soldado mayor de veinte años de edad muriera, excepto Josué y Caleb.

Éxodo, Levítico y Números entregan la ley de Moisés en detalle y narran los eventos importantes durante esos cuarenta años. Aun Moisés desobedeció a Dios en una ocasión y no se le permitió entrar a la tierra. Dios le permitió ver la tierra de lo alto del Monte Nebo. Allí murió y fue sepultado por la mano de Dios.

      E1 libro de Deuteronomio contiene una serie de discursos que Moisés dio en las planicies de Moab, justo antes de su muerte. E1 estaba exhortando al pueblo a ser fiel cuando entraran a la tierra para que ellos pudieran prosperar y permanecer en la tierra a través de todas las generaciones por venir. Dios, a través de Moisés, prometió grandes bendiciones para el pueblo si le era fiel. Por otra parte, les advirtió de castigos si se apartaban de E1.

      Las dos caras de la moneda -‑ las bendiciones y las maldiciones -‑ son absolutamente necesarias en el plan de Dios. Dios siempre ha ofrecido al hombre grandes bendiciones por la obediencia de Su ley y ha especificado castigos por la desobediencia. Luego ha dejado al hombre el escoger cuál desee.

 

Josué llegó a ser el líder en lugar de Moisés y condujo al pueblo a través del Río Jordán, para conquistar la tierra. Por la fe marcharon alrededor de Jericó, y Dios causó que las murallas cayeran. Josué y su ejército lograron la victoria en todas partes, y en muy pocos años, toda la tierra fue conquistada y dividida entre las tribus.

      Ahora dos de las promesas hechas a Abraham han sido cumplidas. De veras los descendientes de Abraham han llegado a ser una nación, y Dios les ha conducido a la victoria al ganar la tierra (Josué 21:43‑45). Solamente la promesa espiritual estaba aún faltando. Dios aún estaba gradualmente desarrollando su plan para que lo aprendiera la humanidad, pero el «cumplimiento de los tiempos» no había aún llegado.

Los israelitas fueron fieles a Dios bajo el liderazgo de Josué, y permanecieron así por todo el tiempo que los ancianos que habían servido con é1 vivieron. Pero el hombre es débil. Tan pronto como las primeras victorias se acabaron, y cada tribu recibió su porción de tierra, los soldados comenzaron a descuidarse. Ellos no expulsaron a los cananeos del resto de las áreas, como Dios les había mandado. Cuando fallaron, Dios dejó a los cananeos para probar a Israel para ver si la nación era fiel (Jueces 2:3). Israel fracasó a la prueba. Muy poco tiempo pasó antes de que ellos se volvieran de Dios a los ídolos de sus vecinos.

      E1 siguiente período de la historia de los israelitas es un período de ciclos. No hubo un solo líder durante estos cuatrocientos años (aproximadamente) como había sido bajo Moisés y Josué. E1 pueblo se volvería a los ídolos; Dios permitiría a un enemigo oprimirles; ellos se arrepentirían y pedirían a Dios ayuda; luego Dios les levantaría un juez o libertador.

      Hubo quince de tales jueces. Uno de ellos fue Aod, quien mató a Eglón rey de Moab y condujo al pueblo a liberarse de la opresión moabita. Otro juez fue Débora, quien fue con el general Barac para pelear contra Sísara y los cananeos. Otro fue Gedeón, quien derrotó a las innumerables huestes de los Madianitas con su pequeño ejército de 300. Otro fue Jefté, quien prometió sacrificar lo primero que saliera de su casa a recibirle sí tuviera éxito en la batalla. Otro fue Sansón, a quien Dios le dio una fuerza sobrehumana, mientras é1 sirvió como una armada de un sólo hombre contra los filisteos.

      Nuestra primera impresión de este período, indicaría que fue una época de constante guerra. Esto se refuta, sin embargo, por versículos como Jueces 3:11, 30, el cual dice que la tierra había “reposado cuarenta años» o la tierra había «reposado ochenta años”.

      La corta historia de Rut ocurre durante el período de los Jueces. Es una encantadora historia de una joven moabita, la que dejó su casa para seguir a su suegra a la tierra de Israel. Allí se casó con Booz un pariente cercano de su esposo ya fallecido. Sin embargo, ¿es solamente una interesante historia humana? Había otras jóvenes virtuosas en Israel. Había otros hogares felices. Rut y Booz, tuvieron un hijo llamado Obed. E1 tuvo un hijo llamado Isaí, quien tuvo un hijo llamado David, quien tuvo un descendiente llamado Jesús. ¡Rut fue un eslabón en el eterno plan de Dios!

      E1í era el sacerdote y juez e1 día que una mujer llamada Ana oraba fervientemente por un hijo. Dios concedió su deseo y nació Samuel. Ana lo dedicó a Dios, tan pronto como él tuvo la edad necesaria para ayudar a E1í en el tabernáculo. Seguramente Samuel es uno de los nombres que debe ser añadido a la lista de los grandes personajes de la Biblia. E1 juzgó a Israel durante el espacio de su larga vida.

      Cuando Samuel era anciano, el pueblo pidió un rey. Samuel se apenó, pero Dios le dijo que les diera su rey. En lugar de rechazar a Samuel como su juez, ellos habían rechazado a Dios como su rey. Bajo la dirección de Dios, el joven Saúl de la tribu de Benjamín fue ungido. Saú1 era muy humilde al principio, pero el orgullo llegó a ser la actitud que dirigió toda su vida. E1 fracasó en obedecer a Dios, hasta que finalmente Dios rechazó a su familia como la familia que regiría.

      Dios envió a Samuel a Belén para ungir a un hijo de Isaí como rey. Siete de los hijos de Isaí fueron presentados ante Samuel, y Dios no señaló a ninguno de ellos. Finalmente el joven David fue llamado del campo y fue ungido. David fue un varón conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). Hay como ciento treinta capítulos en la Biblia, ya sea, relatando la historia de David o registrando los Salmos que é1 escribió. E1 fue humano y cometió errores como cualquiera de los grandes hombres lo han hecho. Tal vez nos deja más impresionados con su rectitud cuando leemos el salmo de penitencia que é1 escribió después de su pecado con Betsabé (véase el Salmo 51).

David quiso construir un templo para Dios, pero Dios envió al profeta Natán para decirle que é1 no podía hacerlo porque era un hombre de guerra. En lugar de eso Dios prometió permitir a su hijo construir la casa. Luego Dios prometió establecer el trono de David para siempre. Y si sus descendientes pecaran Dios les castigaría con «vara de hombres», pero E1 nunca apartaría Su misericordia de la línea de David como la había apartado de Saú1 (2 Samuel 7:12‑16; l Crón. 17:11‑14).

      Hasta aquí Dios ha desarrollado esta parte de Su plan: Aquél triunfará sobre Satanás. E1 bendecirá todas las familias de la tierra. Aquél vendrá de la familia de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Judá, de David. E1 se sentará en el trono de David para siempre (Gén. 3:15; 12:1‑3; 26:3‑4; 28:13‑14;49: 10; 1 Sam. 7:12‑16).

 

Dios envió a Samuel a Belén para ungir a un hijo de Isaí como rey. Siete de los hijos de Isaí fueron presentados ante Samuel, y Dios no señaló a ninguno de ellos. Finalmente el joven David fue llamado del campo y fue ungido. David fue un varón conforme al corazón de Dios (Hechos 13:22). Hay como ciento treinta capítulos en la Biblia, ya sea, relatando la historia de David o registrando los Salmos que é1 escribió. E1 fue humano y cometió errores como cualquiera de los grandes hombres lo han hecho. Tal vez somos más impresionados con su rectitud cuando leemos el salmo de penitencia que é1 escribió después de su pecado con Betsabé (véase el Salmo 51).

      David quiso construir un templo para Dios, pero Dios envió al profeta Natán para decirle que é1 no podía hacerlo porque era un hombre de guerra. En lugar de eso Dios prometió permitir a su hijo construir la case. Luego Dios prometió establecer el trono de David para siempre. Y si sus descendientes pecaran Dios les castigaría a ellos con «vara de hombres», pero E1 nunca apartaría Su misericordia de la línea de David como la había apartado de Saú1 (2 Samuel 7:12‑16; l Crón. 17:11‑14).

      Hasta aquí Dios ha desarrollado todo esto de Su plan: Uno triunfaría sobre Satanás. E1 bendeciría todas las familias de la tierra. Esta Persona vendría de la familia de Abraham, de Isaac, de Jacob, de Judá y de David. E1 se sentaría en el trono de David para siempre (Gén. 3:15; 12:1‑3; 26:3‑4; 28:13‑14;49: 10; 1 Sam. 7:12‑16).

      Antes de que David muriera, él proclamó rey a su hijo Salomón. Dios apareció al joven rey Salomón y le dijo que pidiera lo que quisiera. Salomón le pidió sabiduría. Dios se agradó y le concedió sabiduría sobre todos los demás mortales. Además, Dios le dio riquezas, honor, paz y larga vida si le sirviera fielmente. Salomón construyó el templo como Dios había prometido. La fama de su sabiduría y riqueza se divulgó en tierras lejanas. E1 escribió Proverbios, Eclesiastés y el Cantar de los Cantares. La nación de Israel alcanzó su mayor extensión durante su reinado. Desafortunadamente, sus muchas esposas lo apartaron de Dios.

      E1 reino había caído en desgracia para cuando Salomón muriera. E1 había sobrecargado al pueblo con impuestos, y ellos querían alivio. Cuando Roboam su hijo llegó a ser rey, las diez tribus de1 norte se rebelaron porque Roboam no escuchó sus peticiones en demanda de alivio. Jeroboam llegó a ser rey sobre las tribus del norte, las cuales retuvieron el nombre de Israel, como siempre había sido llamada la nación. Roboam se quedó con solamente dos tribus en el sur y llamó a su pequeño reino Judá.

La historia de la nación israelita había terminado otra fase. Israel dejó Egipto como una vasta multitud de esclavos indisciplinados. Dios moldeó, enseñó y transformó a la nación durante los cuarenta años que vagaron en el desierto bajo la dirección de Moisés. Josué condujo una nación entusiasta y conquistadora hasta entrar en Canaán, la tierra prometida. Luego siguió e1 período de los Jueces, cuando cada «hombre hacía lo que bien le parecía» (Jueces 21:25). La gente quiso un rey y trabajaron juntos bajo el mandato de Saúl, David y Salomón durante el período llamado el Reino Unido. Ahora el reino se ha dividido en dos pequeños reinos, algunas veces en guerra. Desde este punto y a través del resto del Antiguo Testamento, el pueblo se va apartando cada vez más de Dios.

      Jeroboam, del reino del norte, no quiso que sus súbditos regresaran al templo de Jerusalén. E1 estableció su propio sistema de adoración: nuevos dioses, nuevos sacerdotes, nuevos días de fiesta, nuevas leyes. Nunca habría un rey justo en Israel. ¡La dinastía cambió nueve veces antes de que el reino cayera! Acab, con su malvada mujer Jezabel, sobresale como uno de los más perversos reyes de este período. Elías, Eliseo, Oseas, Amós y otros profetas fueron enviados por Dios para advertir a Israel sobre la inminente ruina. De nuevo el espacio no nos permite detallar. Finalmente Dios no toleraría más la maldad de ellos. En el año 721 A. C., Dios permitió al ejército Asirio destruir Samaria, la capital de Israel. E1 pueblo fue llevado cautivo y extranjeros fueron traídos a la tierra para ocuparla. Estos extranjeros se casaron con la clase baja de los israelitas que se habían quedado en la tierra, y llegaron a ser más tarde una raza mixta y odiada, los samaritanos.

Después de esto e1 reino del sur continuó, pero ellos también se apartaron de Dios. Su caída no fue tan rápida como la de Israel, porque ellos tuvieron algunos reyes buenos como Asa, Josafat, Usías, Ezequías y Josías. No hay período más oscuro en la historia israelita que el reino dividido. Finalmente la paciencia de Dios se terminó con Judá también (2 Crón. 36:15-16). En el año 606 A. C. Nabucodonosor de Babilonia llevó a los primeros cautivos lejos de Jerusalén. E1 regresó por más cautivos en el año 597 A. C., y finalmente destruyó la ciudad de Jerusalén en el año 586 A. C. Solamente fueron dejados los más pobres de la tierra, y aun ellos partirían para Egipto a los pocos meses.

 

¿Ha olvidado Dios su plan? ¿Está todo terminado? ¡Ni por un momento! E1 pueblo de Dios tiene que ser castigado, pero E1 no permitió que la debilidad del hombre destruyera su propósito eterno.

      ¿Recuerda usted la promesa a David que la línea real permanecería en su familia (2 Samuel 7:11‑16)? La familia que regiría cambió nueve veces en Israel, pero ni una sola vez en Judá. La providencia de Dios proveyó un descendiente directo en cada generación. En una ocasión Atalía, la hija de Acab, trató de destruir a toda la descendencia real y usurpar el trono (2 Reyes 11:1‑4), e1 niño Joaz fue escondido por Joiada el sacerdote por seis años antes de que é1 fuera llevado al trono. En otra ocasión, un enemigo destruyó toda la línea real, excepto un hijo (2 Crón. 21:16-17). No fue por casualidad que uno quedara en cada ocasión, para que tomara su lugar en el trono de David. Esos reyes fueron eslabones importantes en el plan de Dios.

      E1 mismo pasaje que prometió que la línea real se quedaría en la familia de David, también advirtió que sus descendientes serían castigados si eran malos. E1 castigo que vino sobre la casa de Judá fue una parte del plan de Dios, tanto como las bendiciones que podrían haber tenido si hubieran permanecido fieles.

      E1 período de la cautividad de Judá perduró 70 años. Se cuenta desde el tiempo cuando el primer grupo de cautivos fue llevado de Jerusalén (606 A. C.) hasta que se le permitió al primer grupo regresar a casa (536 A. C.)

      Los escritos de los profetas Daniel y Ezequiel narran de este período. Entrenado para servir en la corte de los reyes, Daniel obtuvo puestos de gran autoridad bajo Nabucodonosor y luego bajo Darío de los medos y los persas. Ezequiel vivió entre la gente común y nos da un vistazo de sus vida durante este período.

      Jeremías el profeta había profetizado que la cautividad duraría setenta años (Jer. 25:11), y así fue que los primeros cautivos habían sido llevados en el año 606 A. C. En el año 539 A. C., Babilonia cayó vencido por los medos y persas. E1 rey Ciro decretó que todo el pueblo cautivo podría retornar a sus propios hogares. Así, en el año 536 A. C., exactamente 70 años después que los primeros cautivos habían sido llevados de Judá, un grupo de judíos estaba en camino a su tierra natal. Zorobabel (Sesbasar como é1 también fue llamado) condujo este primer grupo. Su objetivo principal era reconstruir el templo en Jerusalén.

      Como es usual en cualquier tarea que vale la pena, el pueblo inmediatamente encontró oposición. Los vecinos samaritanos estorbaron la construcción del templo, y finalmente tuvieron éxito y fue suspendida. Por dieciséis años no se hizo nada. Los profetas Hageo y Zacarías instaron al pueblo a reanudar su obra. Por fin e1 templo fue terminado, pero el pueblo no permaneció fiel a Dios.

      Esdras condujo otro grupo de vuelta a Jerusalén y comenzó a restaurar la adoración del pueblo (458 A. C.). Poco tiempo después, Nehemías supo que la ciudad estaba aún en desgracia. E1 recibió permiso del rey de Persia para reconstruir las murallas de Jerusalén. E1 y el pueblo trabajaron arduamente y completaron la inmensa tarea en sólo 52 días. Nehemías y Esdras trabajaron juntos para persuadir al pueblo a despedir sus mujeres extranjeras y regresar a la fidelidad a Dios.

En realidad e1 porcentaje de judíos que regresó a su tierra nativa fue pequeño. A estas alturas había judíos esparcidos a través de todo el mundo entonces conocido. Dios no olvidó a su pueblo dondequiera que estuvieran viviendo. E1 libro de Ester nos muestra cómo Dios pudo ejercer Su providencia, aun en la corte de un rey persa para salvar a Su pueblo.

      E1 profeta Amós había predicho que un día de hambre vendría, no de pan ni de agua, sino de oír la palabra del Señor (Amós 8:11). Esa época llegó después de Malaquías. Malaquías profetizó más o menos en la misma época de Nehemías y Esdras.

      Tal vez el cuadro más claro de la condición espiritual del pueblo durante este período se ve en los escritos de Malaquías. Ellos seguían una forma de adoración, pero sus corazones no estaban en ella. Malaquías cierra su libro al decir que vendría uno como Elías para preparar el camino “antes que venga el día de Jehová, grande y terrible» (Mal. 4:5).

      Los profetas habían predicho información adicional sobre aquel Personaje Especial que había de venir, pero E1 todavía era una figura oscura en ese tiempo.

      Ahora completo silencio. E1 telón ha caído en el escenario divino, y cuatrocientos años pasan sin comunicación alguna de Dios. ¿Ha cambiado de parecer? ¿Ha sido olvidado su propósito?

Babilonia cayó antes que el Antiguo Testamento se cerrara. E1 imperio medo‑persa cayó como cien años después que el libro de Malaquías se escribiera. Alejandro Magno dirigió a los griegos al conquistar ellos el mundo. Los años pasaron, y Roma, el cuarto imperio mundial desde los días de Daniel, llegó al poder. La profecía de Dios era que en los días de este cuarto reino, E1 establecería Su reino que nunca sería destruido.(Dan. 2:44). «E1 cumplimiento de los tiempos» había llegado (Gá1. 4:4).

      E1 telón se levanta de nuevo revelando un anciano sacerdote llamado Zacarías sirviendo en el templo. Repentinamente, el ángel Gabriel se para delante de é1, la primera comunicación de Dios desde Malaquías. Zacarías recibió las nuevas que é1 había de ser el padre de Juan, el precursor que fue predicho por Malaquías.

Como seis meses más tarde, el mismo ángel apareció a una joven virgen llamada María. E1 le dijo que tendría un niño, concebido del Espíritu Santo. Este sería Jesús e1 Salvador; Emanuel, Dios con nosotros; Cristo, e1 ungido; el Verbo se hizo carne para habitar entre los hombres.

      El es Aquél, el Divino Hijo de Dios que había venido para cumplir todo el glorioso plan de Dios. El es Aquél que cumple las promesas y las profecías. El es Aquél quien ofreció el sacrificio de muerte por el pecado, para que el hombre pudiera vivir a pesar de sus debilidades. E1 es Aquél que dio la perfecta ley de la libertad, para que el hombre pudiera vivir una nueva vida llena de esperanza. E1 es Aquél que es la plenitud de toda la Biblia. No habría Biblia, ni plan, ni esperanza para el hombre, sin este Jesús.

      Mateo, Marcos, Lucas y Juan fueron escritos para que podamos comprender y creer que este Jesús llena todos los requisitos indicados por Dios para ser el Mesías. E1 fue ciertamente el «Cristo, el Hijo del Dios viviente». E1 vivió una vida perfecta para mostrar al hombre la vida que está en Dios. E1 murió para pagar el precio por el pecado y fue resucitado para ser las primicias de los que duermen. E1 fue coronado en el cielo mismo para reinar sobre el trono de David, a la diestra de Dios.

      Poco antes de que Jesús retornara al cielo, E1 dijo a sus discípulos, «Id por todo el mundo y predicad el evangelio a toda criatura» (Marcos 16:15). La palabra evangelio literalmente significa «buenas nuevas». En otras palabras, Jesús estaba diciendo a sus discípulos que fueran a esparcir las buenas nuevas. Vayan y cuenten al mundo que Aquél que fue prometido ha venido. Vayan y digan a cada persona que hay esperanza de obtener perdón, que hay esperanza de tener un hogar en el cielo. Vayan y digan al mundo que el hombre puede reconciliarse con Dios. Vayan y digan al mundo que el plan de la redención ha sido revelado.

  A los apóstoles les fue dado el Espíritu Santo para guiarlos mientras fueran por el mundo diciendo a la gente del glorioso plan de Dios. E1 libro de los Hechos, nos da un vislumbre del tipo de trabajo que fue hecho.

      Hacia el final del primer siglo, la nueva ley, la ley de Cristo había sido completamente revelada y escrita para que el género humano la leyera, comprendiera y aceptara (Efes. 3:1‑12). Las leyes y reglas fueron dadas para guiarnos a moldear nuestras vidas, para ser como Cristo, para participar de la naturaleza divina (2 Ped. 1:4).

      Los profetas del Antiguo Testamento quisieron ver e1 fin de la escena (1 Ped. 1:10‑12). Ahora nosotros lo tenemos todo revelado en Cristo. La gente de esta era es heredera de las promesas hechas a Abraham, Isaac y Jacob (Hechos 3:24‑25). No hay otra bendición espiritual que pudiéramos pedir.

E1 glorioso plan eterno de Dios está completo para que nosotros lo aceptemos. Es nuestra elección. Podemos aceptar sus términos y heredar las bendiciones, o podemos rechazar sus términos y estar perdidos y sin esperanza en el mundo. La vida sobre la tierra es un corto período de prueba, para ver quiénes pueden vivir en el cielo con Dios por la eternidad.

      E1 Nuevo Testamento termina con un libro de victoria. E1 Apocalipsis predice la victoria final de Cristo sobre Satanás en el día del juicio.

      La Biblia entera es la historia de Cristo, ¡La plenitud del plan de la redención!

      … Sí, yo debo aceptar los términos de Dios. Yo debo creer Su palabra. Yo debo arrepentirme de mis pecados, yo debo confesar Su nombre ante los hombres, y debo ser bautizado para llegar a ser un hijo de Dios. Luego, yo debo vivir el resto de mi vida imitando la naturaleza de Cristo lo mejor que pueda. Pero ¿no sería más apropiado decir que se me permite cumplir los términos de Dios?

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